Relatos de verano
En algún momento me sentí tentado a contestarte, pero no lo haré. No merece la pena continuar algo que ya tuvo su fin.
Poner una escena añadida a Memorias de África.
Dar un par de pinceladas más a las Meninas o a la Maja Desnuda.
Introducir un solo de armónica en la Quinta de Beethoven.
He aprendido a contarme a mí mismo las cosas que a nadie más interesa. Disfrutar la soledad sin estar completamente solo.
Y me evita muchas explicaciones. Explicaciones tontas, por otra parte. Y nadie se las merece. Ni mi otro yo siquiera (le obligo a estar mudo cuando le hablo).
El silencio. ¿Te acuerdas del silencio?¿De tu silencio?
El Silencio
(del Poemario de Soledades)
El silencio fue para ti una forma de seguir viviendo,
un camino seguro,
un abrigo en una amenaza de tormenta.
Y para mí no.
Era un vaso vacío constante en mi despensa.
Esperando a llenarse.
Una señal permanente de un hueco doloroso en el corazón.
Una cicatriz sin cura.
Y pasan los años
y
otro vaso
ha llenado aquel vacío.
Ya no hay huellas extrañas.
Lo que pudo ser
y no fue,
ya no es nada.
El silencio.
La nada.
Fue bonito.

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